Cómo planificar tu viaje por carretera

Hombre precavido vale por dos. Sabio refrán que resulta perfectamente aplicable en este caso. A la hora de planificar un viaje por carretera, es fundamental tener en cuenta una serie de aspectos que te pueden servir para evitar sorpresas innecesarias. No dejes ningún cabo suelto si te planteas completar un largo recorrido al volante. Cualquier detalle, por nimio que parezca, puede llegar a complicarte más de lo que piensas.

Días antes de tu partida, revisa el estado de tu vehículo en tu taller de confianza. Comprueba que los frenos responden adecuadamente, que las luces funcionan como es debido, que la presión y el desgaste de los neumáticos están en niveles aceptables y que el aceite del motor, los filtros y demás elementos importantes se encuentran en perfecto estado.

Así, tendrás la seguridad de que la máquina que llevas entre manos está perfectamente engrasada y que no te jugará malas pasadas por el camino. Está demostrado que el adecuado mantenimiento de un automóvil no solamente evita la aparición de un gran número de averías, sino que también ayuda a prolongar su vida útil.

En este sentido, es fundamental que no escatimes en gastos ni en esfuerzos a la hora de poner tu coche a punto. Tu seguridad y la de todas las personas que viajen contigo está por delante de cualquier otra cuestión. Una vez hayas pasado la correspondiente revisión, lo siguiente será planificar la ruta que vas a elegir para llegar hasta tu destino.

Organízate y ten prevista una ruta alternativa

Selecciona el camino que se encuentre en mejores condiciones. Siempre que sea posible, elige autovías o autopistas y evita las carreteras secundarias. Este tipo de vías son mucho más seguras, puesto que están mejor acondicionadas. Suelen disponer de arcenes amplios para parar en caso de avería o cualquier otro problema y la circulación es bastante más fluida.

No obstante, prepara un plan B por si surge cualquier inconveniente. Es importante que tengas prevista una ruta alternativa en caso de que, sin esperarlo, te encuentres con una carretera cortada por un accidente, un atasco o cualquier otra incidencia.

Es recomendable que te informes paulatinamente de la situación del tráfico, que a ser posible dispongas de un navegador y que consultes el tiempo que va a hacer durante tu viaje. Si se prevé tormenta o condiciones que puedan poner en riesgo la seguridad del tráfico, aplaza tu salida siempre que sea posible.

Otras cuestiones importantes

No debes olvidarte de llevar contigo un cargador de móvil a mano. Es aconsejable que el teléfono siempre tenga batería por lo que pueda pasar. Si tu coche no dispone de un dispositivo para enchufarlo, aprovecha las paradas para recargar y así evitarás que se apague.

Te recomendamos también que lleves algo de comida y bebidas energéticas entre tus provisiones, pues en caso de verte en una situación extrema, el avituallamiento te hará algo más amena la espera. Y, por supuesto, llena al máximo el depósito de la gasolina y así viajarás tranquilo.

En definitiva, revisa el estado de tu vehículo y sé cauto si quieres que tu viaje por carretera se convierta en una experiencia positiva y sin sobresaltos.

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La evolución de los aires acondicionados

La historia del aire acondicionado se remonta a la época de los faraones en el antiguo Egipto, que tenían un sistema de reducción de calor mediante el enfriamiento de las piedras.

El climatizador

La idea inicial de crear un aparato eléctrico, conocido hoy en día como climatizador, fue idea del ingeniero americano Willis Carrier, cuando en 1902 creó el primer aire acondicionado para intentar resolver un problema de humedad que provocaba que todas las páginas de las revistas de la imprenta en la que trabajaba se arrugaran. Este primer aparato lo que hacía era regular la humedad del ambiente a través de un filtro de aire utilizando un sistema de pulverización de agua.

Inicialmente, a pesar del avance tecnológico que se produjo en los años 30 y 40, estos sistemas de refrigeración eran demasiado caros y grandes para poder tenerlos en domicilios particulares. Por ello, era costumbre encontrarse grandes cantidades de personas en las puertas de los cines donde se había instalado el aire acondicionado.

En un principio, se extendió la leyenda de que este dispositivo alisaba la piel y ralentizaba el envejecimiento. También hubo un aumento en el rendimiento de los trabajadores porque, al tener un ambiente fresco con respecto al exterior, los trabajadores llegaban antes y se marchaban más tarde de lo marcado inicialmente por su horario.

Los avances

La primera patente de un sistema de aire acondicionado para el hogar fue registrada en el año 1931 por Schutz y Sherman. Fue diseñado para que se instalara en los antepechos de las ventanas, viéndose desde el exterior, lo que automáticamente aumentaba el estatus de los que allí residían.

Fue en el año 1958 cuando Panasonic creó el primer aire acondicionado pensado para ser instalado en el domicilio de cualquier persona gracias a su tamaño compacto y a su facilidad de instalación en las ventanas.

En primera instancia, su diseño no era de lo más estilizado, pero fue todo un avance que podrás encontrar en https://tuclimatizaciononline.es/.

Debido a la mayor importancia que iba adquiriendo el diseño de los objetos, se ha ido evolucionando de forma paralela a los avances tecnológicos que se iban dando y también a las necesidades de los propios consumidores.

Las estadísticas te revelan que el aire acondicionado se ha asentado en nuestro día a día de una forma estable y en los países desarrollados ya se ha convertido en costumbre el poder controlar el ambiente de las habitaciones de nuestro hogar.

Hoy en día los avances de este aparato electrónico se están centrando particularmente en la eficiencia energética y en el diseño para que pueda combinar en tu domicilio con cualquier tipo de decoración, que sea una parte más del mobiliario existente.

El diseño es un aspecto muy importante a la hora de elegir el modelo que vas a incluir en tu entorno. Siempre buscamos un aire acondicionado que no tenga tubos que hagan un efecto contrario al deseado, que tenga un funcionamiento sutil sin que apenas genere molestias acústicas y que, además, sea lo más eficiente posible en cuanto al consumo de energía.

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